jueves, 3 de abril de 2014

A mi sobrino Rafa.

No sé Rafa, qué decirte,
pero, te quiero glosar,
para que puedas reirte,
con los versos que pediste
y, ahora, lo voy a intentar.
Procuraré, a ver si puedo,
más despacio o más deprisa,
explicarte un chiste nuevo,
sobe todo, que sea bueno,
para que te cause risa.
El de "la oreja", lo sabes,
el del "palillo", también,
el del "muerto", no me sale,
además, de que no vale,
pues, creo, ya te o expliqué.
El de "la oreja", no obstante,
como tan gracioso es,
merece un punto y aparte,
por eso, voy a contarte
el mismo chiste, ora vez.
Era un futuro papá,
que esperaba, emocionado,
con su continuo fumar,
la voz de ¡paternidad",
para hallarse realizado.
Y esa voz, por fin, se oyó,
después de una larga espera,
penetrante, resonó,
la noticia que le dio,
aquella buena enfermera.
Ya es usted padre, le dijo,
tranquilice su ansiedad,
ya nació su primer hijo,
quizás, un poco canijo,
pero, un hijo, de verdad.
Sea como sea, quiero verlo,
¡ya soy padre, qué alegría!
Me impaciento por tenerlo,
en mis brazos y mecerlo,
un poquito, cada día.
No se apresure, señor,
pues, tengo que confesarle
que he surgido, a la sazón,
un percance, posterior
y del cual debo informarle.
Se trata, sencillamente,
de que su hijo ha nacido,
por desgracia y tristemente,
de extremidades carente.
No se sabe por qué ha sido.
Es igual, contesta el padre,
es mi hijo y quiero verlo,
antes de que sea más tarde.
¡Hijo mío, voy a abrazarte,
de intranquilidad me muero!
¡Por favor, espere un poco!,
le aconseja la enfermera,
disimule su sofoco,
su hijo ha nacido...sin tronco.
¡Valía más que así no fuera!
¡Qué pena tengo Dios mío!,
pero he de sobreponerme,
al fin y al cabo, es mi hijo,
déjeme verlo ahora mismo,
si no quiere enloquecerme.
Entre usted, si lo desea,
dice la enfermera, triste.
(He de dejar que lo vea.
aunque penoso ello sea,
pero, ya que tanto insiste...)
E irrumpe en la habitación,
con un gesto entusiasmado,
henchido su corazón,
con la máxima ilusión,
hacia aquel hijo esperado.
Más, ¡ay!, una gran oreja,
en la cuna, sólo, yace,
a la que, sin una queja,
entre sus manos, apresa,
susurrando: ¡Soy tu padre"
La enfermera, despiadada,
a un espacio no muy corto,
le chilla, desenfrenada,
adusta y casi enfadada:
¡Grítele más, que esta sordo!
.

Perdonar y amar.

Para saber vivir, hay que aprender,
estudiando pasajes de la vida,
para, con suerte, llegar a conocer
la actitud, en su caso, requerida.
Aunque parezca fácil conseguir,
una veteranía en la cuestión,
los tropiezos empiezan a surgir,
a cada paso, sin interrupción.
Y, para combatirlos, con acierto,
hay que saber lo que es estoicismo
y tener el cerebro, siempre, abierto,
con el fin de encajar el vivir mismo.
Para poder llegar a ser dichoso,
deberíamos las penas orillar,
ver nuestro alrededor limpio y hermoso
y, sobre todo, perdonar y amar.

miércoles, 2 de abril de 2014

Zozobras.

Cuando sueño contigo, parece,
que no sueño, que despierta estoy,
el pasado, se convierte en hoy
y disfruto, hasta que amanece.
Recupero el placer, que perdido,
aún existe en el fondo del alma;
no hay zozobras, tan solo, la calma,
se apodera de todo sentido.
Si el ayer se recuerda soñando
y soñando se vive el presente,
el futuro lo estás esperando,
entre sueños, totalmente ausente.

Tedio.

Cuando me encuentro sola y alejada,
de todas las personas que me quieren,
me siento triste y desconsolada
y los recuerdos, sin querer, me hieren.
Necesito querer y ser querida,
depositar en alguien mi cariño,
pues, sin amor, la vida no es vida.
¡Soy tan sensible, como cualquier niño!
Me resisto a admitir la soledad,
que me abate, me asusta, sin remedio.
Quiero vivir en solidaridad
y, lo que así no sea, me causa tedio.

Destino.

Me detuve a pensar en mi destino
y quise mi futuro adivinar,
como si se pudiera programar,
lo que, siempre, hemos llamado sino.

Y lo arreglé muy bien, con mucho tino:
Pisé alfombras de flores, al andar,
embriagada, con aromas de azahar,
cual si estuviera en un lugar divino.

¡Qué feliz me sentí en aquel ambiente!,
tan distante de toda realidad,
amañando el futuro y el presente.

A mi gusto, me movía en la bondad,
en la entrega, en el amor ferviente,
en el entendimiento, en la amistad.


martes, 1 de abril de 2014

Soledad.

Muy penoso, es tener que acostumbrarse,
a vivir, para siempre, sin tu amor.
¿Cómo pudo el azar así mostrarse,
por qué llenó de angustia mi interior?
Y, si ha de ser así, ¿por qué no puedo
conformarme con esta realidad;
por qué siento nostalgia y siento miedo,
a introducirme en esta soledad?
Mis ansias de querer, siempre contengo,
me cuesta mi ternura retener,
pues, quisiera tenerte y no te tengo.
Debo hacer un esfuerzo y comprender:
de donde vengo y a dónde voy.
¿Qué será de mi vida, si no estás,
si seguiré sufriendo, como hoy,
dejaré de sufrir o, acaso, más?.

Amiga.

¿Cómo decir lo que decirte quiero,
para que no te parezca adulación?
Ignoras, todavía, a qué me refiero,
pues, en principio, a nada he hecho alusión.
Y, como no pretendo impacientarte,
ni deseo que puedas mal pensar,
procuraré, de momento, aclararte
lo que siento y no deseo callar:
Que eres buena, sencilla, encantadora,
el prototipo de amiga ideal,
por eso, yo me siento acreedora
y, espero comportarme como tal.