martes, 1 de marzo de 2016

Rendimiento.

Si la vida nos dotara,
de entendimiento constante,
ineludible, arrogante,
poca cosa nos bastara.
Mas, ese poco, es bastante:
Es, no hallar monotonía
en nuestra andanza, la vía,
que nos llevará adelante.
Sería luchar con la mente,
con una ilusión constante,
con arrogancia elegante,
en el futuro y presente.
Dotar el conocimiento,
de fuerza y capacidad,
según estado y edad,
con máximo rendimiento.
Y, a la vida, sonreir,
omitiendo tus dolores,
por la abundancia de amores.
Nos dará un mejor vivir.
Disminuir los caprichos,
por el bien de los demás.
Aunque te insistan, jamás,
escuchar blasfemia y dichos.
Solo, dotar la conciencia,
de elevados sentimientos,
con la sonrisa, contentos.
Ahí estará la evidencia.
Se educa la inteligencia,
con extremada intención,
digamos, con devoción
al estudio y persistencia.
Donde la mente no llegue,
llegará la insistencia,
de conseguir en la ciencia,
sin que nada más, te ciegue.
Elevado resultado,
lo hallarás al final,
alto, espectacular,
que será el deseado


lunes, 29 de febrero de 2016

La Alpujarra.

La Alpujarra, de Granada,
tiene un, especial, encanto.
En alturas, situada
y cubierta por un manto,
muy difícil de igualar:
Sus casas, como pesebres,
de elegancia singular,
cual porcelana de Sèvres.
Su extraordinaria belleza,
modelo de artesanía.
El aire, no sopla, reza,
por no alterar la armonía.
Los jamones, las conservas,
lujo para el paladar,
como las flores, las hierbas,
ansiosas para brotar
e iluminar sus senderos,
con harta sabiduría,
como estrellas y luceros.
Así un día y otro día.
Es digna de admiración,
como una miniatura,
divina, en su construcción,
de innegable hermosura.

domingo, 28 de febrero de 2016

La tarde.

La brisa del mar, me besa,
acaricia mis oídos.
El oleaje, no cesa
y los veleros, asidos
a la arena de la playa,
estampa majestuosa,
tan bella donde las haya,
totalmente esplendorosa.
El sol, quedo, de la tarde,
ilumina mi semblante,
que, de fuego, no hace alarde,
con un brillo relajante.
Y la luna, amaneciendo,
entre pálidos colores,
casi, casi, enrojeciendo,
va expandiendo sus albores.
El mar, pálido azulado,
refleja omogeniedad,
oxígeno cumulado,
e inmensa tranquilidad.
Todos estos ingredientes,
mas el bello panorama,
fueron mas que suficientes,
para acariciar la fama,
de nuestra naturaleza,
enormemente, atractiva,
por su encanto, su belleza,
lindamente, positiva.

sábado, 27 de febrero de 2016

Belleza.

La belleza, no se cifra,
tan solo, en el exterior,
que da la naturaleza.
Simplemente, es superior:
Cuando el bien se manifiesta,
sin haberlo meditado
y en el alma, se detecta,
la impunidad y el pecado.
Cuando vences los rencores,
con harta tenacidad
y los suples, con amores,
con gusto y fidelidad.
Cuando perder, sea victoria,
porque existe una verdad
y la aplaudas, como gloria,
por la deportividad.
Cuando seas noble y honrado,
desapruebes la peleas,
porque no son de tu agrado,
no, porque cobarde seas.
Hay que ser consecuente,
primero, contigo mismo
y encarrilar la mente,
con cordura y altruismo,
Son premisas, muy valiosas,
para una justa belleza,
en verdad esplendorosas.
¿He hablado con certeza?

Ramblas.

La lluvia de las tormentas,
las aguas de los deshielos,
regularmente violentas,
ante el tronar de los cielos,
a las  ramblas se dirigen,
encauzadas hacia el mar,
como principio y origen,
de agudo precipitar.
Normalmente, inesperadas,
causan dolores intensos,
a gentes inusitadas.
Los estragos, son inmensos.
Fenómeno natural,
de belleza incalculable,
aunque, de efecto fatal,
totalmente deplorable.

Mundo revuelto.

En un mundo revuelto, nos movemos,
de perfidias, de guerras, de traiciones,
de poderío, envidias, tentaciones,
cuyo punto final, desconocemos.

Este ambiente, no es el que queremos.
Cambiemos, por favor, las reflexiones.
Esperemos altruistas valores,
para lograr lo que nos merecemos.

¡Es tan dulce una vida armoniosa,
cargada de esplendor e ilusiones,
la que llamamos... de color e rosa!

Anhelemos otroras decisiones,
para una situación, noble y honrosa,
exenta de maldad y de ambiciones.

viernes, 26 de febrero de 2016

Estirpe.

Bisnieta de una baronesa,
entre luces y sombras, escondida,
recuerda, con orgullo, aquella vida,
en aquel palacete, en la dehesa.

Como todo es efímero, confiesa,
la opulencia, también, fue reducida,
a un término mediano, de medida,
donde se siente bien, según profesa.

El cambio, no fue brusco, paulatino,
mas, si, desagradable, doloroso,
en el nuevo vivir, en su destino.

Hoy, quizás, su avanzar sea jocoso,
a pesar de venir de donde vino,
aceptando su estado, laborioso.